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El no-día después

Categoria: Experimentales | Escrito por: Albertina | Fecha: 12/07/2010

Son las 14.50 y bien pienso que podrías enviarme dos o tres besos de esos tuyos, estampillados de cabsha o algún otro chocolate de estación. Debatiéndome entre el deber y el ser, la lluvia no es siempre como la sueñan párpados otoñales. Nos quedarán siempre, las nubes sonánbulas de un anoche cuyos fragmentos recolecta ahora la mano sin guantes, la que se corta ahora con el filo de la incertidumbre, la que trata ahora en vano de que cese de manar sangre de silencios no buscados.
Y los fragmentos siguen sin poder encastrar (nunca lo hacen), desparramados, formando una miríada de inclasificables-inencastrables.
Estoy hablando de estrellarse sin lunas, de temer los caminos del viento, la noche irresuelta que grita inexpugnable, aullando entre copas, despertando verdades. Acaso duerme, la meditabunda, medita, la durmiente. Resuenan ecos de ardides lejanos. Cómo es que siempre te convoca mi pensamiento a materializarte en Janis Joplin, el riff que primero me asusta, luego me confirma: la telequinesis existe. O es que de tanto atravesárteme invisible por la habitación tus dedos trazan señales apenas perceptibles, dibujos inefables que imagino sólo yo poder desentrañar. No lo ven esas ojeras, con el miedo inexorable de sentirlas todavía ajenas, las estoy acariciando desde lejos. No sé si puedas recordar la exacta forma de mis manos. La durmiente de llovizna cavila capilares: ¿Tienen tus rulos algo que decirme hoy?



Yo podría decirte varias cosas

podría decirte

podría

tengo miedo.


"¿y que vas a decir? voy a decir solamente algo. ¿y qué vas a hacer? voy a ocultarme en el lenguaje. ¿y por qué? Tengo miedo."


Comentarios

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LeX: extraña forma de deseo después del almuerzo o devino de ayuno, excelente.

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