Sin templos andaba, un ermitaño desde el génesis
recreado, transitando las sendas tan turbias
con los agujeros malcriados, buscando resolver porqués
removiendo las sensaciones ocultas
y sin salvación, por esta existencia tan absurda,
deambulando, en el tiempo del no tiempo
gastándolo, como se gastan siempre las monedas
y como también lo es, la maduración
de la convergencia al punto identitario de una época,
o lo carente injustificablemente, de poseer solo las certezas
superar el mundo de las apariencias
más allá de todas las circunstancias
un viaje hasta uno mismo para reconocerse,
revienta los paquetes más herméticos y las bolsas de tripas,
caminaba pesado, escapando del frío inmaterial
cargando la muerte blanca y pura, en mi bolsillo
y se empacharían esta noche las fosas nasales
más sofisticadas del barrio, sin ninguna pobre enseñanza;
más mi ayuno y la ubicación retrograda de ciertos planetas
es que lograban someterme de rodillas, ayudados
con la macumbita de quiosco enrejado
que te habían enseñado en casa,
las dos abuelas con unas recetas, sin nada de magia.
Para pelear,
con los vestigios de aquellos tiempos individuados
a mi solo me quedaba esta mirada transparente
con estas letras y sus convicciones tan evidentes,
más allá de esta vida y de mi ego;
el sujeto histórico que soy, contrastaba
una emoción con un aprendizaje,
en que despilfarrar suspiros
es como transitar destinos emotivos
y los inevitables encuentros con los enemigos,
la atracción de los culpables, los más opuestos
los siempre incómodos, los más tachables,
y en las muecas, a veces hay sonrisas indiscutibles
en los detalles de las emociones mejor visibles
las semejantes, las análogas, las más equivalentes;
una contradicción indeterminada, vuelve gigantes a los enanos
que partidos, patrullan con aullidos los botes más pinchados
tiñendo las aguas embarradas con injusticias tan claras
mirándonos con orzuelos inmensos
detrás de los anteojos más caros
y engañándonos, con excusas esotéricas
de cucos invisibles
buscan tiempo fatigando historias
con culpas de universales confundibles.
Una decepción común,
a la que te vas acostumbrando
para permanecer sociable,
un juicio informado editando las trampas
del capital y la manipulación de la democracia,
unos programas de estafadores hipnóticos
venden el vacío que nunca llenaron las mercancías
que vendían y con las que se enriquecían.
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