Súper Dulce de Leche
Quieren devenir en vientos ya lejanos los recuerdos embestidos por la lúgubre sonrisa que destella en miradas y seduce en resplandores maniatados por la sombra, no advenidos, recrudeciendo sus batallas en los ardides de la poca mezquindad y el orgullo que le queda al guerrero de la intempestiva Razón que se plasma en palabras dando a conocer sus intimas virtudes de la Verdad instalada por los aparatos que lo rodean y lo convierten exactamente en un individuo, en un sujeto, entendido esto como “sujeción a una Ideología” fundamentada por un Discurso.
Un verano de Islandia que recompone los hábitos de los sacones o de las camperas de tela polard, bien barata y argentina. Esos diseños de mamarrachos y torpes en estilo, ajenos a la verdadera industria del arte de la moda. Reprimen la visión creativa con el andar permanente del mamarracheo de colores que no combinan o espantosos dibujos pseudos-infantiles. ¿Se podría imaginar un polard con la cara de Rousseau? Y detrás los colores franceses en degradé, quizás, digo, es un opinión ¿Se podría imaginar? Una mera opinión que lleva consigo aislamiento y la introspección de la verdad con palabras grandes de significantes enormes que pueden devenir en diferentes conclusiones e interpretaciones. Las palabras y su acotamiento, su reduccionismo o su ampliación inaudita. Todo tiene un efecto, dicha causa que es en definitiva el significante que se le da a las palabras repercutirán en acciones o resultantes, la realidad que hace que volvamos al área de lo-Físico. Lo Meta-Físico, queda, fuera de sistema de pensamiento y se lo toma como una bobería. El primer gran error de la mente intelectualizada por las estructuras Universitarias con sus planteos poco pedagógicos y sumamente atados a una condición suprema: el Orden del conocimiento sistemático.
Todo llega cuando tiene que llegar, si es lento. Abriré un camino en esta senda. Esta vez deberemos ver por el cuadro mental de la velocidad y la vorágine, contar los detalles para que todo se haga imaginativo, volcar pautas que hagan que el ser propague su propia idea de la coyuntura y los personajes.
A mí en las novelas de Laurence Sanders me encantaba imaginarme como era el detective. Maldición, siempre olvido el nombre y Alejo, mi hermano, me corrige con su sabiduría extraída del Clarín Cultura y las pilas de libros usados comprados en la librería “Los Cachorros” en la Avenida Díaz Vélez, recuerdo que comprábamos ocho por mes cada uno, haciendo un total de dieciséis para la biblioteca general. Él coleccionaba y leía religiosamente todos los jueves el Cultura y realmente en la parte literaria me complementaba mientras que yo le administraba una cuota de Filosofía e Historia. Yo me guardaba el Sí y el de Economía.
En un momento esperaba los datos de La Bolsa de Comercio y miraba el Canal que la trasmitía y jugaba a que tenía acciones, empecé con Alpargatas e hice una virtual fortunita en acciones al portador con la mera predicción del Clarín Eco. Y así la vida pasa, uno ahora se encuentra abatallado, atacado, vencido por el devenir, ya sé que lo repito, el devenir ocioso y la puta materialidad del ser que necesita integrarse al Mercado. Sea legal o ilegal. El dinero es lo que cuenta.
Y ahora que estoy investigando el Desarrollismo en Latinoamérica, esa clase de política que se endeudaba ante el FMI para tratar que sus industrias crezcan, a mi me gusta decirle el llamado crecimiento “hacia adentro”. La sustitución de la Importaciones que venía de EEUU y de Europa por una gran industria local. Y pienso que Brasil y México lo lograron en parte, fueron eco de lo que sería un milagro económico. Y veo los datos del PBI de la Argentina en la década del veinte y observo que eran similares o superiores al de Cánada o Australia y similar al norteamericano. ¿Qué pasó? ¿Qué ocurrió en tres décadas luego de que trascurrió el peronismo con el dinero que otorgaba en empréstitos el FMI para la Argentina? ¿Llegó a la Industria? Entonces voy a la juguetería de mi papá y empiezo a ver los orígenes de los juguetes. Es una manía que tengo, no lo puedo evitar. Leo: China, Brasil, Indonesia, Japón. Y claro, modelos para hacer autitos o pirámides de plástico con los que yo jugaba cuando era chico de Industria Argentina. Y me enojo con papá, le regaño no comprar mas Industria Nacional. Y el me contesta: “Pero que querés que venda plásticos de molde de hace cuatro décadas”. Son absolutamente iguales. Pero la gran diferencia de ese “stand by antiprogresista” que se proyectó décadas en la Argentina es que yo jugaba con ellos en la época del ochenta. Ese atraso imperdonable, ese falta de querer al país solamente por la especulación y el individualismo, tómese en la esfera pública como privada, me depositan en un país periférico. De la periferia del mundo.
Entonces ella me mira desde la cama y sonríe cuando le cuento acerca del Desarrollismo en productos textiles, petroquímicos, farmacológicos y e el área automotriz y de maquinaria agrícola en las diferentes regiones sudamericanas. Con una tenue luz en sus ojos negros me dice: “pensá en las golosinas, en Vauquita, el alfajor Súper Dulce de Leche, quiero que me traigas uno”. Eran las dos de la madrugada y hacía cuatro grados en este Verano de Islandia. Me visto y me voy a caminar por su antojo de embarazada. Llegó al kiosco y me lo cobran tres con cincuenta pesos Argentinos. “Casi un dólar, no está mal por tener tanto dulce de leche” y sonriendo pensaba; mientras volvía fumando una tuca de paraguayo en piedra.
Solo usuarios registrados pueden agregar comentarios, si todavía no sos usuario registrado hace click aquí para completar el formulario de inscripción gratuita. Si ya te registraste, abri tu cuenta ingresando los datos en los casilleros de la barra superior.